como comentábamos en el
post anterior, todo transcurría con normalidad en la ruta hacia el norte hasta que, sin que nadie avisase o hubiese cualquier signo o incluso la intuición nos llegase a decir algo, nos topamos de bruces con el
terremoto en estado puro.
habíamos llegado a hitachi.
el decorado no era cartón piedra, o incluso las imágenes superpuestas que todos habéis visto estos días en televisión y que te impactan pero hasta cierto punto siguen siendo imágenes en una pantalla, con la distancia y la tranquilidad que ello implica.
esto era real, era una carretera levantada por un terremoto, que había pillado a un coche justo en el medio.
y os juro que se te pone la piel de gallina y, por más que rebuscas dentro, no acabas de encontrar la forma de reaccionar.
sin apenas darnos cuenta, y sin casi ser conscientes, estábamos a punto de llegar al centro de la tierra.
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